El cambio climático, la degradación ambiental, la rápida urbanización, la polarización y las desigualdades sociales están en aumento. Los conflictos armados y las diferentes formas de guerra —económica, cultural, informativa y cibernética— amenazan a la humanidad. En el panorama internacional actual, el multilateralismo y la democracia se están fragilizando; las instituciones se están debilitando, el derecho internacional no se respeta y la desinformación prospera. El mundo no parece aprender de la historia y está perdiendo sus fundamentos éticos y su humanidad. La sostenibilidad no es compatible con las guerras, y en el actual contexto de múltiples crisis, su progreso parece comprometido. Pero no podemos rendirnos; debemos perseverar.
La ciencia y la tecnología, en particular la digitalización y la inteligencia artificial, avanzan a un ritmo sin precedentes. El lado emocional del ser humano no sigue este ritmo, y la sociedad no puede adaptarse al cambio con tanta rapidez. La humanidad siempre ha estado en transición, pero en la era actual, el ritmo y la dirección plantean cuestiones fundamentales. La tecnología está destinada a servir a la humanidad, no a dominarla. Se supone que el progreso tecnológico nos ayuda a hacer las cosas con mayor facilidad y rapidez, a ganar tiempo. Pero ¿qué hacemos con el tiempo "ganado"? El tiempo nos sitúa en el espacio en el que vivimos. El tiempo es infinito y limitado, pero también precioso. No podemos permitirnos perderlo.
Como ciudadanos, nos vemos obligados a navegar en un entorno conflictivo que no debemos permitir que nos gobierne, mientras nos adaptamos a cambios rápidos y lidiamos con incertidumbres y controversias. Como sociedades, tenemos el reto de encontrar un equilibrio entre los intereses locales, nacionales y globales. Como arquitectos, tenemos el reto de encontrar un equilibrio entre los intereses privados y públicos, entre los territorios y las ciudades, entre los entornos naturales y urbanizados, y de proponer soluciones resilientes dentro de nuestro ámbito de especialización: la planificación territorial y urbana, y el diseño arquitectónico y urbano. La arquitectura es un arte y una disciplina de interés público, que equilibra los valores culturales, sociales, económicos y ecológicos.
La UIA se fundó después de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a reconstruir un mundo destruido y facilitar la colaboración entre profesionales de todo el mundo. La Unión defiende una arquitectura que cuida de las personas, promueve la justicia social y preserva el patrimonio cultural. También recuerda a los arquitectos sus deberes morales y profesionales. La buena arquitectura y la buena planificación urbana mejoran un lugar, revelan sus características, memoria, historia y cultura, fortalecen su identidad, respetan a sus habitantes y les hacen sentir que pertenecen a este lugar. Son importantes para el crecimiento a largo plazo. La reconstrucción tras desastres naturales y provocados por el hombre es un problema actual y una oportunidad para planificar un futuro sólido.
Hagamos de 2026 un año decisivo hacia un mundo pacífico y más ético, con una arquitectura de calidad y una reconstrucción responsable.
Regina Gonthier, presidenta de la UIA
